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Dependientes de la tecnología

Este artículo no trata exactamente de lo que piensas cuando has leído el título.

Supongamos, por un momento, que desapareces del lugar donde te encuentras ahora mismo y apareces en medio de la selva tropical sin posibilidades de volver (o cualquier bosque mediterráneo, o de la Europa continental, lo que prefieras). Como en la película de “Naufrago”, si eso te ayuda a situarte mejor.

Me gustaría que reflexionaras un momento sobre las siguientes preguntas: ¿sabrías cazar? ¿sabrías pescar? ¿sabrías cultivar? ¿sabrías distinguir las plantas o setas venenosas de las que no lo son? ¿sabrías confeccionar tu propia ropa? ¿qué ocurriría cuando te doliera una muela? ¿y cuando tuvieras una enfermedad más grave que un constipado, como una apendicitis, o si necesitaras un marcapasos?

Podría continuar un rato haciéndote preguntas, pero creo que te haces a la idea.

La sociedad moderna, especialmente en las últimas décadas, nos ha hecho especializarnos enormemente, de tal manera que cada uno de nosotros cumple una función muy concreta. La idea, por supuesto, es que esta especialización nos permite avanzar más deprisa. Pero a la vez aumenta nuestra dependencia con respecto al resto de miembros de la sociedad, nos haga dependientes de la misma. Y esto, probablemente, es positivo.

Por otra parte, en las últimas décadas, el ser humano se ha hecho cada vez más dependiente de la tecnología. Y cuando hablo de tecnología no hablo de teléfonos móviles, ni de tabletas.

Hablo de los automóviles que nos llevan a trabajar, o de los medios de transporte que ponen en movimiento la cadena de suministros y alimentos. Hablo de las instalaciones eléctricas que ponen nuestras neveras en funcionamiento, y de las cañerías y bombas que llevan el agua a nuestras casas, edificios de múltiples plantas a los que accedemos con cómodos ascensores. Hablo de los tractores que aumentan la productividad en la cosecha, de las máquinas con las que los ingenieros y técnicos fabrican objetos de consumo, o las máquinas e instrumentos con las que el personal sanitario nos cura o nos salva la vida. Máquinas que son manejadas, muchas veces por el ser humano, por supuesto. Pero tecnología, al fin y al cabo, que mejora su trabajo y nuestra calidad de vida.

¿Qué pasaría si un día todas estas máquinas desaparecieran?

Si lo piensas, te darás cuenta de que, la mayoría de nosotros, somos dependientes, hace décadas, de la tecnología, a cualquier nivel.

Como anécdota, te diré que algunos gobiernos se están empezando a plantear las consecuencias un nuevo Evento Carrington en nuestros días.

Por esta razón, y no por otra, ardo por dentro cuando oigo a ciertas personas decir que, debido a los teléfonos móviles, a las tabletas y a los ordenadores, la sociedad se está haciendo dependiente de la tecnología.

Cuando oigo eso, pienso que la persona que lo dice no caza, no pesca, no cultiva su propia comida, no va a trabajar a pie, no hace la contabilidad con lápiz ni suma de cabeza, no baja al río a por el agua, no sube el agua cinco pisos a pié ni se comunica con señales de humo.

Las personas de hoy son, por supuesto, dependientes de la tecnología. Pero no debido a los teléfonos móviles. Podríamos decir que los teléfonos móviles son la guinda del pastel. No necesitamos los teléfonos móviles para vivir. Sin embargo, hay otros adelantos tecnológicos mucho menos visibles que los móviles que nos permiten vivir. Ya éramos adictos a la tecnología mucho antes de existir el teléfono móvil.

Otro falso mito: Los móviles atontan.

Los móviles no te hacen más tonto ni más listo. Son dispositivos de comunicación. Te permiten estar en contacto con otros seres humanos. Muchas veces oigo lo de que la gran mayoría de los pasajeros en el metro están absorbidos por los teléfonos móviles. Como usuario del metro (a veces una hora diaria) puedo constatar esta estadística. Pero si nos fijamos un poco más, veremos que la mayoría de estos pasajeros está hablando por WhatsApp con otras personas, o respondiendo correos electrónicos.

En definitiva, están aprovechando un tiempo muerto, a todas luces poco útil, para estar comunicándose con otras personas. Si lo miramos de esta manera, que todo el mundo en el metro esté pegado al móvil durante el viaje en el metro… no es tan malo, y más cuando, si no existieran los móviles, tampoco nos íbamos a poner a hablar los unos con los otros.

En definitiva, móviles y tabletas nos permiten estar intercomunicados en tiempo real con la gente que queremos. Y no se vosotros, pero yo creo que eso es positivo.

En definitiva: ¿las nuevas tecnologías nos hacen dependientes? No, porque YA LO ÉRAMOS. ¿Usamos mal y abusamos de las nuevas tecnologías? Quizás sí, son nuevas, estamos aprendiendo a usarlas. ¿Las nuevas tecnologías están exentas de peligros? Claro que no. Conozcamos los peligros, aprendamos a quedarnos con lo bueno y a rechazar lo malo.

Hay dos cosas que no aguanto: La gente anclada en el pasado, y la que ve la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. Y ocurre que en este caso se juntan las dos cosas.

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